CEDA - Centro especialiado en desórdenes alimentarios

Orientación a padres

Aquí encontrará información que lo orientará para poder ayudar a su hija/o.

Los trastornos de la alimentación son patologías que se expresan en relación a la cantidad de ingesta, al modo de comer y la imagen corporal.
Su causa suele ser psíquica y tienen la particularidad de que en la mayoría de los casos, sus síntomas son ocultados o pasan desapercibidos, en ocasiones por quienes los padecen. Por este motivo muchas veces se demora mucho tiempo en detectarlos.

¿Cómo estar atentos?

Estar atentos no significa sólo centrar el foco en las actitudes frente a la comida. Si bien son trastornos referidos a ello, muchas veces sus manifestaciones no son claramente identificables. La negativa a comer o la ingesta excesiva, la recurrente práctica de dietas, los atracones, el ejercicio físico exagerado o largos ratos en el baño luego de las comidas serían las manifestaciones más directas, pero no son tan evidentes en todos los casos.

Usted puede estar atento también a otras cosas. Por ejemplo al rendimiento escolar. No sólo el mal rendimiento puede ser un indicador, algunas adolescentes son excelentes alumnas. En ese caso será preciso prestar atención y saber si mantener su imagen de excelente alumna representa demasiada presión para ella o si por ejemplo se angustia mucho frente a ciertos fracasos en el colegio.
Es de considerar también, si hubo algún cambio abrupto en su carácter, si ha disminuido su comunicación con la familia o incluso con sus amistades, si evita por todos los medios hablar acerca de lo que le pasa y se irrita fácilmente cuando le preguntan. Si está excesiva y permanentemente pendiente de su imagen, de la ropa que lleva puesta, de comprarse nueva ropa, etc.

Mirar estas actitudes y escuchar a su hija/o son el primer modo de ayudar. Algunas veces no es tan sencillo pedir ayuda, y puede ser que lo hagan de un modo particular. Escuche lo que dice acerca de los demás, de sus amigas, sus opiniones, ello también le permitirá saber lo que le pasa.

¿Qué hacer?

Si usted duda acerca de si su hija/o tiene o no un trastorno de la alimentación, seguramente algo no está funcionando del todo bien en ella/él. Y ya es motivo suficiente para preguntarse qué hacer.

Intente hablar con ella, contándole que ha observado algunas conductas que lo preocupan y que su intención es ayudarla para que pueda sentirse bien. Invítela a hablar acerca de lo que le sucede, qué cosas la preocupan, intente dialogar.
Si la observa comer en exceso, no es aconsejable que lo sancione en presencia de otros. Espere el momento para hablar a solas con ella.

Si esto es posible, juntos acuerden a qué lugar acudir para solicitar ayuda profesional. Este tipo de trastornos no se solucionan con buena voluntad, es necesario buscar ayuda profesional.

Si el diálogo no es posible y se irrita, es bastante probable que algo le esté sucediendo. No la hostigue, pero tampoco se detenga en la intención de ayudarla. En ese caso usted puede solicitar una entrevista con un profesional y consultar acerca de cómo abordar un posible tratamiento.

¿Y si mi hija/o no quiere tratarse?

Generalmente cuando estos trastornos llegan a la instancia de hacerse tan evidentes como para que alguien comience a pensar en ayuda profesional, es porque quien lo padece en el fondo también siente que necesita ayuda.
Lo que ocurre es que muchas veces no pueden decirlo o les da mucho miedo enfrentar un tratamiento.
La disposición a comenzar un tratamiento dependerá en gran parte de la convicción de ustedes acerca de la necesidad de ese tratamiento. Aunque ella no esté de acuerdo, usted mismo puede acudir a una entrevista profesional.
A partir de allí junto con los profesionales pensarán el modo de lograr que su hija pueda aceptar ayuda.

¿Es nuestra culpa?

Los trastornos de la alimentación son un modo particular de expresión de diversos conflictos psíquicos. Si bien es cierto que se estructuran en base a la historia única de cada persona -donde necesariamente está incluida su familia- no significa que alguien haya sido culpable.

Nadie enseña cómo ser padre, cada persona lo hace en función de sus posibilidades y cargando también con su propia historia. Los errores son inherentes al ser humano, generan conflictos pero también dan la posibilidad de aprender. Poder aceptar que seguramente hubo errores es más valioso que quedarse buscando un culpable.